martes, 26 de marzo de 2013

La perfección con el balón


“Seguro que lo pasaremos bien”. Esa fue la frase que Josep Guardiola dijo al Camp Nou, el día que su historia como primer entrenador del FC Barcelona daba comienzo. Ese club que le vio crecer, que le dejo marchar un once de Abril de 2001, y que le brindaría una segunda oportunidad que el de Santpedor aprovecharía con creces.  Desde el comienzo, estructuró un modelo futbolístico exquisito e inigualable con el balón como amigo inseparable. Ese balón que le permitiría jugar como y a lo que él quería. Ese balón y esa posesión que han sido y serán siempre los elementos del ya bautizado como el “pep team”.

Perfeccionista como pocos, Pep Guardiola consiguió plasmar sus sueños en una generación de jugadores irrepetible, que siempre respetó sus ideales futbolísticos, creyendo en ellos desde el primer momento. Como él decía, “ellos son los protagonistas”. Unos protagonistas que le ayudaron a batir todos los records existentes, a maravillar con su juego de toque y a recibir los elogios de todo amante del buen fútbol. Amante de la asociación y la creación de espacios, ya desde su etapa como jugador dejó claro que siempre fue un superdotado. Un jugador dotado de un sexto sentido. Algo que a muchos incomodaba, y por lo que durante un tiempo el joven futbolista catalán, tuvo que sufrir duras acusaciones.

Aprendió del error, ese error que en vez de debilitarle le hizo más y más fuerte. Pep era un vendedor de ilusiones, un actor secundario que a medida que conformaba su propia identidad fue convirtiéndose en el personaje principal de una super producción, hasta convertirse en mito. Hombre culto, entendió lo que el FC Barcelona necesitaba en cada momento. Por ello se ganó el respeto y el reconocimiento del Camp Nou, ese templo del fútbol que se lo reconoció incluso en los momentos más difíciles. Desarrolló una máquina perfecta, en la que supo aglutinar a grandes estrellas mundiales, con la juventud e inexperiencia de sus canteranos. Esos en los que Pep se veía reflejado, y a los que defendió día tras día, haciendo así grandes los valores del Barça.

Trece títulos en cuatro años de desgaste, en los que acostumbró a un equipo y a una afición a ver la victoria como algo normal. Creó el sentimiento de superioridad, llevándolo hasta el extremo, consiguiendo dominar incluso las situaciones más complicadas. Esas que solo él podía visualizar en sus sueños y que a través de la palabra supo transmitir al colectivo, para que posteriormente este último lo transformase en acciones inteligentes. Hizo historia en tiempo record, perfeccionando la capacidad asociativa en los pequeños espacios hasta rozar la perfección. Marcó un antes y un después en el fútbol moderno y sobre todo, nos permitió a todos, disfrutar de la mejor versión jamás vista del deporte rey.

Guardiola deja un legado que estará siempre vivo en los corazones y mentes del aficionado. Un legado caracterizado por su estética de juego, el fútbol ofensivo y las victorias imposibles. Una etapa dorada e imborrable de un entrenador que consiguió cambiar el concepto de este deporte, elevándolo hasta cotas insospechadas. Sólo el tiempo podrá llenar el vacío que deja el entrenador blaugrana. Lo que no se sabe a ciencia cierta, es cuanto tiempo tardará el balón en superar la perdida de su amigo inseparable. De todas formas, puedo afirmar con pleno convencimiento, que si cerramos los ojos echando la vista atrás y pensamos en este “pep team”, seguro que lo pasaremos bien.


Twitter: @Gabrihdez17

No hay comentarios:

Publicar un comentario